Una de las imágenes ridículas que ha acompañado la historia de las religiones es la idea de Satanás, el demonio, Belcebú, como forma de ser castigador y violento que se vuelve oposición sobre el Bien.
Dentro de un análisis crítico de las religiones debemos preguntarnos por qué es ridícula la idea del diablo y también por qué es ridícula la idea de un final donde estemos atormentados por el dominio satánico. La filosofía cristiana cayó en la tentación, en su afán de racionalizarlo todo, de hacer una teodecia o explicación del mal en el mundo. Para teólogos y filósofos era importante explicar en esta Teodicea por qué los buenos sufrían y por qué los malos triunfaban.
Una pregunta en sentido moderno, para ser parte de la Teodicea, podría ser: Por qué la gente buena hace el mal? Pero esta pregunta parece ser excluida por una entrega facilista a la idea de que el ser humano es libre y por ende puede hacer lo que quiera. Pero entonces creamos un problema y ya la gente buena que hace el mal no es realmente buena si no seres libres que escogieron el mal por voluntad propia. Esta sería la explicación cristiana. Pero miremos las cosas más a fondo, con ojo crítico: es la idea de que los malos se consideran así mismo como tales, una idea cristiana. A caso Ben Ladeen se considera a sí mismo malo? Por supuesto que no. Luego si no se considera malo, él piensa que es bueno y que por ende escoge conscientemente el bien. Para sus victimas esto no es así. Pero este terrorista cree que cumple con la misión de Dios, sin embargo sus víctimas lo ven como un agente consciente que obedece las órdenes del demonio y que de una u otra forma es su adorador; Una de las formas como es caracterizado Ben Ladeen por el fundamentalismo cristiano es como el Anticristo.
Miremos el ejemplo más de cerca. Si objetivamente hace el mal y cree que es bueno, por qué razón lo hace. La respuesta típica religiosa es por que ha sido engañado por el diablo. Satanás le ha imbuido con la idea de que debe atacar a Occidente y él va por ello creyendo que es algo bueno. Pero entonces qué será del alma de Ben Ladeen?. Satanás le ha engañado e irá al infierno sin querer. La crítica frente a esta idea sería que Ben Ladeen sabe que lo que hace es malo y lo hace de manera consciente, pero si aceptamos esta idea ya no tenemos un demonio que lo tiente e impulse a hacer el mal. La idea del diablo queda en ese momento ya fuera de lugar. No hubo un diablo que lo tentará. Actuó libremente conociendo la verdad. Nadie lo engañó. O bien si fue engañado y no actúo libremente o Bien lo sabía y actúo con libertad. La idea de un demonio es contradictoria, absurda, falsa y solo puede tenérsele como una amenaza imaginaria a un niño que vive en una cárcel para que no salga de ella.
Una concepción de Verdad como idea práctica, filosófica no es compatible con la idea de un diablo amenazante. Un hombre realmente libre no sería susceptible de caer en el engaño y si cae en este sería capaz de rectificar sin culpa y remordimientos. Lo que implica que la práctica religiosa refuerza la inmadurez del ser humano al convertirlo en esclavo de una idea falsa que opera de manera real.
El recurso a la idea de Satán sigue siendo una explicación facilista del mal. Ya que como realidad que no debería ser se encuentra en un mundo de lo “que debe ser”, es decir el Universo religioso.
Si Dios y su historia de Salvación deben existir por naturaleza para el hombre, entonces el mal es una realidad necesaria, pues este hecho se encuentra en esta historia de Salvación. Un absurdo si se considera que Dios es benévolo. La explicación más certera que podemos dar es que este hecho es producto de que el hombre no ha madurado y no ha aprendido a comprender los errores de los otros y por consiguiente se encuentra complaciente en su propia ignorancia, ya que a diario vemos el mal como error y oposición total a lo bueno. Una realidad sin fundamento más que artificio de un Satán.
La idea de un ser maligno que nos ataca tiene que ver mucho con la necesidad de los líderes religiosos de mantener el control de las comunidades creyentes. Sólo con una amenaza externa provocada por un agente maligno es posible mantener las conciencias de los creyentes atadas al paradigma de una fe irracional que los condena a no poder ver la realidad. Esta figura ha sido objeto de leyendas y miedos infundados por siglos? Sin embargo Cuáles son las evidencias que respaldan su existencia? Lo más probable es que no haya una sola evidencia confiable. En realidad se confunde lo inexplicable de siglos anteriores con fenómenos malignos.
La ciencia por su parte ha avanzado mucho al momento de explicar situaciones que se creían eran posesiones diabólicas. La categorización de diversas enfermedades mentales y del sistema nervioso, como la esquizofrenia y la depresión, ha servido para brindar explicaciones racionales a fenómenos que se atribuían al diablo. Ahora la cultura popular sigue siendo en muchas formas enemiga de la racionalidad; la aparición de una cultura New Age y de reivindicación de creencias ancestrales como el Horóscopo y la brujería han fomentado el miedo generalizado dentro de la población. Es frecuente oír a varios charlatanes hablar de “contras” para maleficios practicados por personas que tienen “pacto con el demonio”. Esto, aunque es una forma de estafa, fomenta la creencia ingenua y una negación del paradigma racionalista abierto en el siglo de las luces y del que hoy muchos nos sentimos orgullosos.
En este contexto no es raro ver la venta de amuletos y oraciones para “evitar el ataque del maligno”. De forma totalmente arbitraria los líderes religiosos cristianos dicen que estamos sometidos a una cultura “maligna del ateísmo” y que los ateos, sin saberlo, están influenciados por el demonio. Este tipo de acusaciones, de que el ateísmo y la secularidad son formas de actuar del maligno, se caen de su propio peso al no tener una sola evidencia que las respalde. En este mismo sentido la religión muestra que ella misma es capaz de actuar con maldad verdadera, cuando emprende una cacería de brujas donde ciertamente no hay brujas.
El mito de Satanás sigue alimentando la Cultura popular y ella a su vez lo alimenta a él como mito. Fue solo, dentro del cristianismo y posteriormente en el Islam, que una figura a la que antes se consideraba un simple acusador se transformara en el enemigo público número uno. Esto se dio al carácter universalista de estas religiones, puesto que sin este miedo terrible jamás habrían logrado dominar tantas conciencias.
Hoy debemos denunciar a las religiones por infundir de forma arbitraria e inconsciente en las mentes de los niños la idea de un Satán torturador, mensajero del castigo que Dios tiene reservado para los que no le obedecen. La religión ha deformado mentes inocentes, que hoy sienten culpa y miedo cuando hacen algo que no está acorde a la autoridad, y ni siquiera estos tienen la libertad de cuestionar tales creencias. Simplemente por que el miedo no los deja.

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