He aquí algo que quiero compartir a título informativo y porque quizá alguna vez necesite referirme a ello. Se trata de una analogía sarcástica creada por PZ Myers, el famoso blogger de Pharyngula, y abrazada luego por Richard Dawkins. Se llama "La Respuesta del Cortesano" (en inglés, The Courtier's Reply). Encontré una versión traducida en BilbaoPundit pero no me satisfizo mucho, por lo cual la he reescrito bastante.
He considerado las impúdicas acusaciones del Sr. Dawkins con exasperación ante su falta de seriedad académica. Al parecer no ha leído los detallados discursos del Conde Rodrigo de Sevilla sobre las exquisitas botas de cuero del emperador; tampoco ha concedido un solo momento de consideración a la obra maestra de Belllini, Sobre la luminiscencia del sombrero emplumado del emperador. Tenemos escuelas enteras dedicadas a escribir cultos tratados sobre la belleza de la indumentaria del emperador, y todos los grandes periódicos dedican una sección a la moda imperial; Dawkins los rechaza a todos despreciativamente. Incluso se ríe de los populares y persuasivos argumentos de su compatriota, Lord D. T. Mawkscribber, quien famosamente señalara que el emperador no llevaría algodón común, ni confortable poliester, sino que debe, y digo debe, llevar ropa interior de la más fina seda.
Dawkins ignora con arrogancia todas estas profundas ponderaciones filosóficas para acusar groseramente al emperador de desnudez.
Personalmente, sospecho que tal vez el emperador no esté completamente vestido (cómo, si no, explicar la desidia del equipo palaciego de lavandería), pero, bien, todos los demás parecen hablar siempre de sus ropas, y siendo que este buen hombre Dawkins es un advenedizo rudo que carece de la elegancia de mis circunloquios, yo, aun siendo incapaz de lidiar con la médula de sus acusaciones, debo al menos reprenderlo por sus malas maneras.
Hasta que Dawkins se haya entrenado en las tiendas de París y Milán, hasta que haya aprendido a describir la diferencia entre un vestido con vuelo y una minifalda, todos debemos suponer que él no ha hablado en realidad contra el gusto del emperador. Su entrenamiento en biología tal vez le dé la capacidad de reconocer unos genitales colgando cuando los ve, pero no le ha enseñado cómo apreciar realmente los Tejidos Imaginarios.
La versión original, The
Courtier's Reply, está en un post ya clásico de Pharyngula, del
día 24 de diciembre de 2006, y ha provocado y sigue provocando
reacciones en la blogosfera hasta el día de hoy. En la RationalWiki ya
tiene una entrada propia, Courtier's reply,
como respuesta estandarizada a un planteo bastante común de ciertos
teístas ante cierto tipo de argumentos ateos.
Los más
jóvenes quizá no reconozcan la referencia literaria... Yo leí por
primera vez "El
traje nuevo del emperador", de Hans Christian Andersen, en un
viejo libro de cuentos infantiles con hojas grandes, satinadas, y
hermosas ilustraciones, y seguramente nunca, entonces ni hasta el
momento en que leí la analogía de Myers, pensé que podría aplicarse a la
discusión sobre la existencia y atributos de Dios.
Myers reaccionaba ante críticas
contra The
God Delusion (El espejismo de Dios) de Dawkins, que
acusaban a este último de "no confrontar con el pensamiento religioso
con un mínimo de seriedad", despreciando siglos de teología y filosofía
de la religión dedicada a hablar de la divinidad, y atacando sólo a las
expresiones más burdas o más extremas de la religión. Si bien en parte
esta actitud puede justificarse diciendo que la verdadera religión (la
que importa en la práctica) es su expresión popular y no las complejas
abstracciones de los teólogos, queda en pie cierto tufillo de
deshonestidad: se puede argumentar que si uno escribe un libro entero
dedicado a atacar una posición, debe lidiar con las formas más fuertes
de esa posición y no con las más débiles y sencillas de demoler. De lo
contrario, dicen los críticos, se está utilizando el infame hombre de
paja, haciendo ver al adversario como lo que no es.
Otra forma de ver el problema es considerando la siguiente pregunta:
¿merece consideración alguien que ataca la idea de otro sin haber
escuchado todo lo que tiene para decir? O bien, ¿tienen valor las
opiniones sobre un determinado tema de alguien que no ha estudiado ese
tema con cuidado? Si la respuesta es no, se corre el riesgo de fomentar
el elitismo académico (sólo los críticos de arte pueden hablar de las
obras de arte; sólo los teólogos pueden discutir sobre Dios). Si la
respuesta es sí, el peligro es "popularizar" tanto las cuestiones que se
desvaloriza el estudio y la labor del profesional.
Basándose en esta clase de cosas, a Dawkins lo han llamado un ignorante,
antiintelectual, burdo y agresivo... tal como lo satiriza la Respuesta
del Cortesano. Dawkins ha recibido esta clase de críticas incluso de
ateos y agnósticos que están de acuerdo con él en casi todo lo demás;
pero ciertos creyentes sofisticados y moderados han reaccionado con
tanta indignación retórica como el cortesano al que se le hace notar que
su emperador no tiene ropa encima.
Los argumentos presentados contra Dawkins resultan en algunos casos
atendibles. Pero lo que estos cortesanos de Dios no han podido hacer
ahora ni jamás es probar que el emperador no está desnudo, vale
decir, que Dios existe y que por lo tanto toda la superestructura
teológica montada sobre él tiene sentido. (Para esto, además, hay que
dar a Dios una definición más o menos clara; no sirven los conceptos
nebulosos o excesivamente abiertos.)
El fenómeno religioso sin duda existe, y quizá Dawkins no lo trata como
debiera, o lo simplifica excesivamente (aunque hay otros autores que se
encargan de él con mayor detalle). Pero la cuestión central sigue sin
dirimirse: si no existe Dios (tal como lo conciben las religiones
abrahámicas, el blanco principal de Dawkins), entonces el fenómeno
religioso tiene tanta base de sustentación fáctica como la pasión de los
trekkies o de los fanáticos de El Señor de los Anillos;
ni todos los tratados de teología juntos pueden cambiar eso, y esta
incapacidad es obvia aunque uno no tenga estudios superiores.
La Respuesta del Cortesano no es un argumento lógico, sino más bien una
forma de expresar en términos sencillos lo que un cierto tipo de
personas sentimos ante los argumentos de los "expertos en Dios". No
busca convencer, sino dar a entender. En este sentido puede ser debatido
pero no puede ser refutado, como suele ocurrir con todas las creaciones
fantásticas de la mente humana... incluyendo al mismo Dios.

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