Me ha invitado Arturo Ruiz a participar en este emprendimiento, que espero prospere y crezca. Es mi primer post. Por el momento no podré hacer mucho más que reciclar posts de mi blog, Alerta Religión, que está dedicado a denunciar los resultados dañinos de la creencia religiosa y de la fe irracional.
Sobre el tema de la libre expresión, comienzo con la obligación de hacer notar que disiento parcialmente del criterio expresado, por ejemplo, en el artículo sobre Eva Herman, presentadora de TV alemana que fue despedida por alabar la forma en que el nazismo trataba a la mujer. En un artículo sobre un obispo y el Instituto Nacional contra la Discriminación argentino, y en otros antes de ése, expresé mi dilema sobre esto: existe una necesidad de poner límites a la libertad de expresión, en casos extremos, pero al mismo tiempo surge un problema de principio porque esos límites no pueden ser automáticos, sino que deben ser interpretados por personas. Estos custodios de la ley tienen entonces en sus manos un poder que, como ciudadanos, deberíamos desear lejos del alcance de cualquiera.
Nadie está exento de prejuicios propios ni de recibir presiones para conformarse a las ideas mayoritarias. Y la libertad de expresión es una broma si se trata de libertad para propalar sólo las ideas populares o más aceptables para el consenso social. (Cosa aparte es la difusión de ideas directamente dañinas y demostrablemente falsas, como las que involucran a la "medicina alternativa", o las incitaciones claras a la violencia.) Frente a la indignación que sentimos cuando alguien profiere palabras discriminatorias o exalta regímenes genocidas, creo siempre prudente que nos preguntemos: "Si alguna vez soy yo quien dice algo que ofende a los demás, ¿qué puedo esperar de quienes deben controlar el discurso público? ¿Me dejarán hablar, para que otros puedan rebatirme, o me callarán?".
Un saludo a toda la comunidad de razonadores.


Legítimas aprehensiones, es cierto. En todo el caso, más me ha aterrado el hecho de que no haya sido la comunidad toda la que haya sancionado este tipo de declaraciones de manera social. Quedan restos de dictadura y al parecer la condena no fue lo suficientemente pública.